Morbo

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Que es muy abundante y tan extremo como nos venden algunas películas y obras de ficción. La realidad es que la mayoría de relaciones son dos señores en su casa a las cuatro de la tarde que se besan, se comen las pollas y a veces se penetran. En 'Gay Sex' explica que a partir del siglo XVIII el sexo entre hombres pasó paulatinamente de considerarse un pecado a una enfermedad mental. Del pecado queda la sensación de culpa, por ejemplo, cuanto te infectas de alguna Infección de Transmisión Sexual ITS. A la que sales del típico modelo de sexo en pareja, casi haciendo el misionero, hay gente que lo vive con mucha culpa. Incluso te encuentras con muchos hombres a los que les resulta muy difícil y se sienten avergonzados si les gusta que les penetren o hacer sexo oral. En cuanto a la enfermedad, observo con frecuencia a muchos hombres con nosofobia. Hay gente que tiene la sexualidad muy destrozada por culpa de esa idea que acompaña de que el sexo homosexual en sí mismo va a traer malas consecuencias. En una cultura sexofóbica, que nos ha enseñado que el sexo es malísimo.

El escritor americano sentado en el escusado de su casa. Hacía ejercicio, se musculaba, buscaba el equilibrio perfecto entre mente y polla, y tras descubrir el sexo con una mujer máximo que él -Paulina Chouteau, que por edad podría haber sido su madre-, se lanzó a la exploración de las grietas del placer. La boga literaria de la autoficción no nació ayer, precisamente. Pero necesitaba el sexo: vivió a caballo entre pensiones, lechos de amantes y habitaciones prestadas por amigos, y usaba su pene como un mendigo lo haría con su gorra, para recolectar limosna a cambio de esperma. Fue su época Gallina Loca, tal como la definió Mailer, especialmente mugrosa y miserable. Muchas veces vivía de los restos de alimentación que le daban sus amigos parisinos: la escritora Gertrude Stein, sin bloqueo, se negó a prestarle ayuda. Después vino el reconocimiento en el underground literario justo cuando compaginaba su plenitud literaria con su declive sexual. El segundo tramo de su vida, que se prolongó de a , estuvo lleno de libros bellos, algo de dinero -aunque, descuidado, renunció a embolsar por desidia No fue un romance al uso: Anaïs Nin llevaba una vida acomodada en París, se movía con soltura en los ambientes literarios y le consiguió editor a Miller, y en los años en los que June se unió a Henry en París la relación derivó en un trío en el que los tres vértices celebraban sus infidelidades conscientes.

Que acaso no se entiendan tampoco ellos. La juventud es. Un genuino tsunami emocional y hormonal. No terminamos. De captar sus conductas impulsivas, retadoras, inmaduras e aun peligrosas. A veces parece. Que ellos no piensan las cosas a abecé o no consideran las consecuencias de sus acciones.

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